Algunas veces con la premura de tener a alguien a nuestro costado, y el vacío generado por la soledad, nos conduce a elegir a la persona menos indicada, solo por sentir alguna emoción que pueda abarcar las carencias de "amor" que llevamos en nuestro día a día. Es allí donde debemos detenernos y ponerle una pizca de razón a nuestro sentir para poder elegir a la persona indicada, esa que nos llene de regocijo, armonía, paz interior, diversión y por supuesto amor.
Lo primero que debemos hacer es conocernos, aceptarnos y darnos cuenta de todo lo valioso que tenemos dentro de nuestro ser, es decir, amarse a sí misma, entendiendo que la felicidad depende de cada persona como ser individual y no podemos esperar que llegue ningún príncipe azul, media naranja, complemento o como queramos llamarlo, para encontrar la plenitud en nuestras vidas.
